Extranjeros en tierras extrañas.

En estos días me llamaron la  atención dos novelas, y quiero  compartirlas con ustedes. Dos novelas que hablan de un tema tan importante como es extranjeros en tierras extrañas.

Las hijas del Capitán
Las hijas del Capitán

“Las hijas del capitán” María Dueñas

Sinopsis

Nueva York, 1936. La pequeña casa de comidas El Capitán arranca su andadura en la calle Catorce, uno de los enclaves de la colonia española que por entonces reside en la ciudad. La muerte accidental de su dueño, el tarambana Emilio Arenas, obliga a sus indomables hijas veinteañeras a tomar las riendas del negocio mientras en los tribunales se resuelve el cobro de una prometedora indemnización. Abatidas y acosadas por la urgente necesidad de sobrevivir, las temperamentales Victoria, Mona y Luz Arenas se abrirán paso entre rascacielos, compatriotas, adversidades y amores, decididas a convertir un sueño en realidad.

Con una lectura tan ágil y envolvente como conmovedora, Las hijas del Capitán despliega la historia de tres jóvenes españolas que se vieron obligadas a cruzar un océano, se asentaron en una urbe deslumbrante y lucharon con arrojo para encontrar su camino. Un tributo a las mujeres que resisten cuando los vientos soplan en contra y un homenaje a todos aquellos valientes que vivieron —y viven— la aventura, a menudo épica y casi siempre incierta, de la emigración.

Pizzeria Vesubio
Pizzeria Vesubio

“Pizzería Vesubio” de Walter Riso

Sinopsis

Receta para una novela inolvidable

Tómese una masa familiar, trabajada a mano y añádanse los siguientes ingredientes en abundancia, sin escatimar: amor, humor, secretos, traiciones, disparates, pequeños dramas y grandes alegrías… Debe cocerse a fuego vivo, riendo, cantando y dando voces. Imprescindible el acento napolitano.

Querido comensal… es decir, querido lector: aquí te sirvo los avatares de una humilde familia napolitana trasplantada a América a comienzos de los años cincuenta.

Un plato…, o sea, una historia sencilla pero irresistible contada en primera persona por Andrea, el hijo de la familia, quien tendrá la difícil tarea de conciliar los mundos en los que le tocará vivir: Buenos Aires, Nápoles, Barcelona…

Tras infinitas peripecias, idilios, aciertos y errores, Andrea descubrirá que su auténtica patria sigue estando en la modesta Pizzería Vesubio en el corazón del barrio de su infancia.

Tanto “Las hijas del capitán” como “Pizzería Vesubio” hablan del desarraigo, de los nuevos comienzos, del significado de la palabra raíz, de extranjeros en tierras extrañas. En muchas ocasiones -sobre todo cuando somos jóvenes- es muy fácil adaptarnos a nuevas costumbres, a nuevas ciudades, a un nuevo idioma. Pero yo pienso: ¿Qué habrán sentido aquellos que partieron de su país natal siendo grandes? Familias enteras expulsadas de su tierra para empezar en lugares desconocidos, futuros inciertos y recuerdos cargados sobre espaldas cansadas de tanto andar. ¿Cuánto de nosotros llevamos, vayamos a donde vayamos? ¿Cuántas de nuestras costumbres transmitimos a nuestras generaciones futuras, aún sin estar en nuestro país natal? ¿Y cuántas de esas costumbres el país que nos da cobijo nos permite conservar?

Creo que como sociedad es importante detenerse a pensar en aquellos habitantes de nuestra nación que no son de acá, de haber tenido la oportunidad, se hubiesen quedado en su país de origen, no hubieran considerado el destierro como una opción. Pensar que muchas personas  debieron optar por partir de su patria, pero igual sufren por el destino incierto que se abre como una nueva oportunidad, como un nuevo comienzo.

No hay que olvidar que muchas veces (como en el caso de Argentina) parte fundamental de la historia es escrita por inmigrantes. Esas costumbres ancestrales que tomamos como propias, fueron traídas  por aquellos que decidieron jugársela, apostar todo lo que tenían para poder tener una vida mejor, simplemente una vida mejor, extranjeros en tierras extrañas ¿Y cómo reprocharle al otro lo que todos anhelamos? ¿Acaso no todos buscamos vivir en un país, libre, justo, con igualdad de oportunidades, un estado que nos brinde seguridad, educación y trabajo?

Por eso te pido que antes de juzgar a un extranjero y pedirle que se vuelva a su país, te detengas y pienses en todo lo que esa persona ha vivido (o por lo menos en una parte), que te pongas en sus zapatos y puedas identificarte con su condición, reflexionar cómo te sentirías vos en su situación y pienses lo afortunado que eres de vivir en el lugar que vives, dentro de un mundo donde muchos ni siquiera tiene satisfechas sus necesidades básicas como son el agua y la comida. No juzgues, nunca se sabe dónde te encontrá la vida con el correr de los años. El mundo está cambiando tan rápido, lo que tenemos hoy puede que ya no lo tengamos mañana.

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